Chiclana abre sus brazos a 32 niños saharauis gracias a ‘Vacaciones en Paz’

Treinta y dos menores pasarán el verano junto a familias de acogida chiclaneras, disfrutando de un entorno seguro, atención sanitaria y unas vacaciones alejadas de las duras condiciones de los campamentos de refugiados.
Chiclana ha vuelto a demostrar este verano su lado más humano y solidario con la recepción oficial a los 32 niños y niñas saharauis que pasarán los próximos meses en la ciudad gracias al programa ‘Vacaciones en Paz’, una iniciativa que desde hace casi tres décadas convierte hogares chiclaneros en refugios temporales llenos de cariño, convivencia y esperanza.
El Salón de Plenos del Ayuntamiento acogió un emotivo acto de bienvenida presidido por la primera teniente de alcalde, Ana González, junto al delegado municipal de Infancia, Francis Salado, y la delegada de Cooperación Internacional, Susana Rivas. Allí, menores y familias de acogida compartieron sonrisas y emociones en el inicio de una experiencia que marcará el verano de todos los participantes.
Un verano que cambia vidas
Detrás de cada llegada hay una historia de esfuerzo, ilusión y solidaridad. Los niños y niñas saharauis convivirán con familias de Chiclana hasta finales de agosto, disfrutando de algo tan cotidiano para muchos como un paseo por la playa, una actividad deportiva o una revisión médica, pero que para ellos supone una oportunidad única.
Ana González agradeció especialmente el compromiso de las familias de acogida y de la Asociación Sadicum, destacando que gracias a su implicación estos menores podrán vivir unas semanas de felicidad y tranquilidad lejos de las difíciles condiciones de los campamentos de refugiados.
La iniciativa permite a los participantes escapar durante los meses más duros del verano de unas temperaturas que en sus lugares de origen pueden superar los 50 grados, ofreciéndoles además un entorno saludable donde crecer, aprender y crear recuerdos inolvidables.
La labor silenciosa de todo un año
La responsable de Sadicum Chiclana, Chari Sánchez, recordó que el proyecto va mucho más allá de los dos meses de estancia. Detrás de estas vacaciones existe un intenso trabajo que se desarrolla durante todo el año para encontrar familias de acogida, recaudar fondos y coordinar todos los aspectos necesarios para que la experiencia sea un éxito.
Sánchez agradeció el respaldo de las administraciones públicas, especialmente tras las dificultades económicas surgidas después de la pandemia, subrayando que las ayudas recibidas han sido fundamentales para garantizar la continuidad de un programa que transforma la realidad de decenas de menores cada verano.
Además, destacó otros proyectos solidarios impulsados por la asociación, como la mejora de las condiciones de vida en los campamentos de Tinduf mediante la instalación de infraestructuras adaptadas para personas con movilidad reducida.
Cádiz, una provincia volcada con el pueblo saharaui
El presidente de la Federación Provincial de Cádiz de Asociaciones Solidarias con el Sáhara, Antonio García, puso en valor la enorme respuesta solidaria de la provincia. No en vano, Cádiz acoge este año a 150 menores saharauis, convirtiéndose en la provincia andaluza con mayor participación en el programa.
García expresó su emoción al contemplar el Salón de Plenos repleto de niños y niñas y agradeció el trabajo de las asociaciones que, muchas veces de forma discreta y constante, hacen posible que estas acogidas se conviertan en una realidad.
Mucho más que unas vacaciones
‘Vacaciones en Paz’ no solo ofrece a estos menores unos meses de descanso y diversión. Durante su estancia reciben atención sanitaria especializada, revisiones médicas y cuidados que en muchas ocasiones no tienen a su alcance en los campamentos de refugiados.
Al mismo tiempo, fortalecen su conocimiento del español, una lengua profundamente vinculada a la cultura saharaui, mientras comparten experiencias con otros niños y niñas de Chiclana a través de actividades culturales, deportivas y de ocio.
Desde 1998, la Asociación Sadicum ha mantenido vivo este proyecto en la ciudad, demostrando que la solidaridad puede construir puentes capaces de superar miles de kilómetros. Un gesto que cada verano convierte a Chiclana en un segundo hogar para decenas de menores que encuentran aquí algo mucho más valioso que unas vacaciones: el cariño de una familia y la oportunidad de soñar con un futuro mejor.




