De los pisos de Marín al micrófono del Chiclana CF: Guti, un chiclanero que lleva su tierra en la voz




Vecino de Fuenteamarga, músico, trabajador, amante de la cultura y speaker oficial del Chiclana CF, Guti pertenece a esa generación de chiclaneros que todavía recuerda las calles llenas de niños, las verbenas de barrio y los veranos en Sancti Petri. "No me veo fuera de Chiclana", asegura.
Vecino de Fuenteamarga, orgulloso de su barrio y profundamente enamorado de su tierra, cuando intenta definirse lo hace desde la inquietud. La música, el teatro, el cine, el carnaval, el fútbol, las artes escénicas... todo aquello que tenga un escenario, una emoción que transmitir o gente con la que compartir un buen rato termina llamando su atención.
Pero para entender al Guti que hoy coge un micrófono delante de cientos de personas hay que viajar unas décadas atrás, hasta aquellos pisos de Marín, en Federico Godoy, donde guarda algunos de los recuerdos más felices de su vida.
Una infancia que ya cuesta encontrar
"Mi infancia fue una de las etapas más bonitas de mi vida", recuerda.
Era la Chiclana de los niños jugando durante horas en la calle. Del fútbol, las bicicletas, los patines y los amigos. De enfadarse, pelearse y, poco después, volver a estar todos juntos como si nada hubiera ocurrido.
Una forma de vivir el barrio que Guti reconoce echar de menos cuando observa ahora a sus propios hijos.
La barriada era, según recuerda, "como un patio de vecinos gigante". Un espacio prácticamente cerrado al tráfico en el que los niños podían jugar y en el que existía una convivencia difícil de reproducir hoy.
Allí se celebraba también aquella recordada verbena del Primero de Mayo, además de las fiestas de San Juan. Y por los escenarios del barrio pasaban carnaval, copla, flamenco y artistas conocidos por varias generaciones de chiclaneros.
Nombres como Rancapino o Juanito Villa forman parte de aquellos recuerdos.
Quizá, sin saberlo, allí empezó todo.
"Creo que aquello también alimentó un poco esa inquietud por los escenarios que tengo hoy".
De cantar encima de una mesa a convertirse en la voz de un estadio
Su relación con los escenarios comenzó incluso antes.
Guti recuerda los veranos familiares en La Barrosa y Sancti Petri y aquellas casetas que durante años formaron parte de la vida estival de muchas familias de Chiclana.
Él apenas levantaba unos palmos del suelo.
"Tendría dos o tres años y recuerdo levantarme por la mañana, estar toda la familia —mis primos, mis tíos— alrededor de la mesa y que me pusieran encima para cantar carnaval".
Aquella afición nunca desapareció.
Hoy continúa encontrando en la música una vía de escape a través de Los Mundos de Guti, su proyecto musical, con el que intenta precisamente conseguir algo aparentemente sencillo pero cada vez más necesario: que durante un rato la gente se olvide de sus problemas.
"Cuando estoy actuando y veo que la gente disfruta, siento que ese ratito es mío. Durante ese tiempo no están pensando en las noticias, en que ha subido la luz, en el seguro del coche, en el combustible o en que se les ha partido una muela. Se olvidan de todo. Y eso es maravilloso".
Porque detrás del artista hay también una vida completamente pegada a la realidad.
Guti trabaja en la construcción y es oficial de mantenimiento, un terreno en el que asegura tocar casi tantos "palos" como en el mundo artístico: albañilería, pintura, jardinería o fontanería.
Durante trece años trabajó además en una residencia de mayores. La llegada de la pandemia y todo lo vivido durante aquellos meses le llevó finalmente a necesitar un cambio de aires.
La música permaneció.
Y el escenario también.
El Chiclana CF y una voz que pretende unir
Hay otro lugar en el que muchos chiclaneros reconocen inmediatamente su voz: el campo del Chiclana CF.
Guti conoce bien el fútbol local porque antes de coger el micrófono también vistió de corto. Jugó tanto en el Chiclana como en el Industrial, pasando durante su etapa deportiva por categorías infantiles, cadetes y juveniles.
Son, dice, dos clubes que lleva dentro.
Años después apareció la oportunidad de convertirse en speaker del Chiclana CF. El contacto con el presidente del club llegó a través de un amigo común y el entendimiento fue prácticamente inmediato.
Sobre todo porque ambos compartían una determinada manera de entender el deporte.
"Para mí el deporte tiene que servir para hermanarnos, para abrazarnos y tender puentes, no para separarnos".
Desde el primer momento asegura haber encontrado libertad para desarrollar su particular manera de animar y comunicarse con los aficionados.
Y terminó convirtiendo aquella oportunidad en algo mucho más personal.
"Para mí es un orgullo poder ser la voz que une a la afición, al club y al equipo".
El cariño que recibe de aficionados, jugadores y cuerpo técnico es, asegura, una de las grandes recompensas de una faceta que espera continuar desarrollando durante muchos años.
"Chiclana no es solo playa"
Hablar con Guti de Chiclana provoca inmediatamente otro problema: conseguir que elija una sola cosa.
Porque considera que los propios chiclaneros desconocen en ocasiones una parte importante del patrimonio que tienen alrededor.
"Estoy seguro de que si preguntáramos a muchos chiclaneros por los siete puntos mágicos, no sabrían nombrar más de tres o cuatro".
Y ahí aparece una de sus reivindicaciones.
La Barrosa es, para él, una playa excepcional, pero insiste en que Chiclana tiene mucho más que ofrecer y debe aprender a mostrarlo mejor.
Las salinas, Santa Ana, Sancti Petri, los puntos mágicos, el patrimonio histórico, la huella fenicia o los numerosos episodios que han marcado la historia de la ciudad forman parte de una Chiclana que, considera, todavía tiene mucho potencial por explotar.
Incluso reconoce tener algunas ideas propias para ayudar a promocionar esos rincones.
Si hay que obligarle a escoger uno, finalmente se decide.
Aunque siente debilidad por Santa Ana y su panorámica sobre la Bahía, su lugar favorito está junto al mar.
Sancti Petri.
La desembocadura del caño, el castillo al fondo, la Punta del Boquerón y ese paisaje que une mar, historia y recuerdos personales.
Ese es "su" rincón.
Querer Chiclana también significa cuidarla
El amor por una ciudad, sin embargo, no consiste únicamente en hablar bien de ella.
Guti reivindica también una Chiclana más cuidada y un mayor civismo por parte de todos.
Le preocupa ver residuos abandonados junto a los contenedores o en los carriles pese a existir puntos destinados a su recogida. Y reclama también más responsabilidad al volante.
"Tenemos que pensar en el legado que vamos a dejarles a nuestros hijos y a nuestros nietos".
Para él, querer una tierra implica responsabilizarse de ella.
"Tenemos que aprender a querer un poquito más lo nuestro, ser más cívicos y también un poquito más humanos".
"No me veo fuera de Chiclana"
Cuando mira hacia el futuro, Guti tampoco necesita demasiado tiempo para decidir dónde quiere estar.
En Chiclana.
"No me veo fuera".
Se imagina envejeciendo aquí junto a su compañera, disfrutando de sus hijos, de su gente y de esa tierra de la que habla constantemente como "un rinconcito del paraíso".
Y, si puede ser, seguirá haciéndolo con un micrófono cerca.
Con el del Chiclana CF. Con el de Los Mundos de Guti. Sobre un escenario. O simplemente delante de cualquiera que quiera escucharle.
Porque detrás del speaker, el músico y el trabajador sigue estando aquel niño de Fuenteamarga que jugaba en los pisos de Marín, se subía encima de una mesa para cantar carnaval y esperaba con ilusión que volviese a montarse un escenario en su barrio.
Ahora solo pide una cosa a quien se cruce con él en alguno de sus conciertos: que se acerque.
"Que vengan, que disfruten, que rían, que bailen, que escuchen y que también me critiquen si hay algo que puedo mejorar. Yo no paro de aprender".
Quizá esa sea la mejor manera de definirlo.
Guti sigue siendo aquel chiclanero inquieto de Fuenteamarga que encontró en un escenario una forma de hacer feliz a los demás durante un rato.
Y piensa seguir haciéndolo sin marcharse demasiado lejos.
Porque, como él mismo repite, su sitio está aquí. En Chiclana.





