España bailo a Francia

"Que alguien saque a bailar a la morocha..." Así suena esta canción en los estadios estadounidenses durante el Mundial, tanto en los minutos previos como en las pausas de hidratación. Ayer, España se contagió de la letra y sacó a bailar a Francia durante los 90 minutos que duró el partido.
Ni en el más atrevido de los sueños podíamos imaginar una semifinal como esta. Aficionados entrevistados y periodistas coincidían en las grandes preguntas de la previa: ¿podría España cerrar los espacios y bloquear a los lanzadores franceses para impedir que el hasta ayer letal tridente ofensivo pudiera correr? Y, por el otro lado, ¿sería Francia capaz de quitarle el balón a España mediante una presión alta y sostenida?
Así de apasionante prometía ser esta semifinal... hasta que comenzó el partido.
Entonces vimos salir a una España con una energía contagiosa. No solo superaba la presión francesa: lo hacía dejándola en ridículo, como si se tratara de un "rondito" de solteros contra casados.
Y en el minuto 19 llegó el gran blooper del Mundial. Lucas Digne se quedó mirando el cielo, como los niños que siguen la estela de un avión, y terminó dándole una patada a Lamine Yamal, que casi de espaldas lo había desbordado. El resultado fue un penalti digno de una serie cómica.
Oyarzabal lo convirtió con la tranquilidad de quien atraviesa un momento de gracia y puso en ventaja a La Roja. Cuando todo el mundo esperaba la reacción gala, precisamente en el Día Nacional de Francia, una nueva toma de la Bastilla, la revolución nunca llegó. Todo lo contrario. Francia expuso todas sus limitaciones de carácter y no apareció un solo jugador dispuesto a honrar el espíritu rebelde que la historia recordaba.
El entrenador tampoco ayudó a cambiar esa imagen. Una vez terminado el encuentro, ya en la rueda de prensa, ni siquiera tuvo la humildad de felicitar al rival o pedir disculpas a sus compatriotas por el ridículo mostrado sobre el césped. Prefirió terminar quejándose del árbitro con un tono de desprecio. No me sorprende; forma parte de esa soberbia tan asociada al viejo espíritu colonizador. Francia tiene mucho más que reprocharse a sí misma que al colegiado.
España sacó a bailar a la morocha... y no solo a los "morochos". También invitó a los dos rubios —Rabiot y Digne— para que la fiesta fuera completa y nadie pudiera sentirse discriminado. Al fin y al cabo, todos son franceses, aunque algún político trasnochado opine lo contrario.
A España le sobró casi todo el segundo tiempo. Extendió el rondo a todo lo ancho y largo del campo para cerrar un 2-0 incontestable, sin apenas despeinarse. La imagen final fue la de un Mbappé resignado, que desde su salida del PSG sigue sin conquistar un solo título.
Dentro de unas horas sabremos si la final será contra Argentina o contra Inglaterra. Si es frente a los del Brexit, se repetirá la final de la última Eurocopa. Si es contra Argentina, por fin podremos disfrutar la Finalissima que nunca llegó a disputarse, perdida entre excusas, desacuerdos y calendarios imposibles.


