La ley del más fuerte también se impone en el agua según la UCA

Un estudio de la Universidad de Cádiz descubre que los mirlos capiblancos dominantes acaparan el acceso al agua en el Teide, mientras los ejemplares subordinados llegan a beber mucho menos. Un hallazgo tan sorprendente como revelador en un escenario marcado por la sequía y el cambio climático.
En las laderas volcánicas del Parque Nacional del Teide, donde cada gota cuenta, se desarrolla una silenciosa lucha diaria por la supervivencia. No se trata de una carrera contra depredadores ni de la búsqueda desesperada de alimento. La batalla gira en torno a algo mucho más básico: el agua. Y, según ha demostrado un equipo de investigadores de la Universidad de Cádiz, incluso entre las aves existen privilegios sociales que determinan quién bebe primero y quién debe conformarse con menos.
La investigación ha revelado que los mirlos capiblancos con mayor estatus dentro de su grupo acceden con más facilidad a los puntos de agua, visitan los bebederos con mayor frecuencia y llegan a consumir cantidades muy superiores a las de los individuos subordinados. Un comportamiento que aporta una nueva visión sobre cómo las relaciones sociales pueden influir en la supervivencia de las especies en entornos cada vez más áridos.
Una pequeña población con una misión gigante
Cada invierno, apenas unas decenas de mirlos capiblancos procedentes del norte de Europa encuentran refugio en las cumbres tinerfeñas. Aunque su número es reducido, su papel ecológico resulta extraordinario.
Estas aves son uno de los principales dispersores de semillas del cedro canario, una especie endémica amenazada cuya regeneración depende en gran medida de ellas. Gracias a sus desplazamientos, contribuyen a que los bosques de cedro continúen expandiéndose y sobrevivan en uno de los paisajes más singulares de Canarias.
Sin embargo, el cambio climático está alterando las reglas del juego. La disminución de las precipitaciones y el aumento de la aridez están reduciendo progresivamente la disponibilidad de agua en este ecosistema de alta montaña, convirtiendo los puntos de agua en auténticos oasis estratégicos.
Miles de visitas grabadas por cámaras ocultas
Para comprender cómo utilizan el agua estos animales, los investigadores realizaron un seguimiento detallado de nueve ejemplares marcados durante el invierno de 2022-2023.
A través de cámaras automáticas instaladas en tres puntos de agua del parque, el equipo registró miles de visitas y observó minuciosamente el comportamiento de cada individuo. Analizaron cuánto tiempo permanecían en los bebederos, cuántas veces acudían a ellos y cómo interactuaban con otros miembros de la población.
El resultado fue una radiografía social tan precisa como inesperada.
Los privilegiados del bebedero
Los datos muestran que la jerarquía social es el factor decisivo para explicar quién bebe más y quién bebe menos.
Los ejemplares dominantes no solo visitaban con mayor frecuencia los puntos de agua, sino que también alcanzaban consumos diarios cercanos al 30% de su propio peso corporal. Mientras tanto, los individuos subordinados reducían notablemente su consumo cuando coincidían con estos ejemplares.
La cifra más llamativa del estudio revela que las aves subordinadas llegaron a ingerir alrededor de un 75% menos de agua durante las visitas compartidas con individuos dominantes.
Lo más sorprendente es que estas diferencias no guardaban relación con el tamaño, la edad o el sexo de las aves. El elemento determinante era exclusivamente el lugar que cada una ocupaba dentro de la estructura social del grupo.
El oasis perfecto no existe para todos
La investigación también descubrió que no todos los puntos de agua ofrecen las mismas oportunidades.
Elementos aparentemente sencillos, como la presencia de sombra, refugio o alimento cercano, modifican el comportamiento de las aves y convierten algunos lugares en espacios especialmente codiciados.
En uno de los bebederos estudiados, situado bajo la protección de un cedro canario, las cámaras registraron una curiosa pauta de comportamiento: las visitas se producían siempre en solitario. La observación sugiere que las características del entorno pueden influir tanto como las propias relaciones sociales a la hora de acceder a un recurso tan valioso.
Una lección para entender el cambio climático
Más allá de la curiosidad científica, el estudio ofrece pistas fundamentales para la conservación de especies vulnerables.
Los investigadores advierten de que analizar únicamente el comportamiento medio de una población puede ocultar diferencias individuales que resultan esenciales para comprender cómo responderán los animales a escenarios de escasez hídrica cada vez más frecuentes.
La forma en que cada individuo accede al agua puede marcar la diferencia entre adaptarse o desaparecer en un mundo cada vez más seco. Por ello, los autores consideran que incorporar estas variaciones individuales permitirá diseñar estrategias de conservación más eficaces para proteger especies que desempeñan funciones ecológicas clave.
En definitiva, el hallazgo revela una realidad tan fascinante como inesperada: en los paisajes volcánicos del Teide, donde el agua es un tesoro, las aves también viven bajo sus propias reglas de poder. Y, como ocurre en muchas sociedades, no todos tienen el mismo acceso a los recursos más valiosos.





