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Una camarera de piso con fibromialgia regresa al trabajo con andador tras casi dos años de baja

Por Alfonso Castillo · 22 sep 2026 · 21:01 h
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Una camarera de piso con fibromialgia regresa al trabajo con andador tras casi dos años de baja
Una camarera de piso con fibromialgia regresa al trabajo con andador tras casi dos años de baja
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El caso de una trabajadora de 44 años de Chiclana vuelve a poner el foco sobre la dureza física del sector. Mientras ella se reincorpora apoyándose en un andador, otra compañera lo hace con muletas.

Pepi tiene 44 años, vive en Chiclana y trabaja como camarera de piso. Padece fibromialgia y asegura sufrir dolores, temblores y dificultades para caminar. Después de casi dos años de baja, ha tenido que regresar a su puesto de trabajo tras serle denegada la incapacidad permanente y recibir el alta médica. Su historia, publicada por Diario de Jerez, ha causado una enorme preocupación entre sus compañeras de sector.

El comienzo de una larga baja

La baja médica de Pepi comenzó el 27 de diciembre de 2024 después de sufrir un problema lumbar en su empresa. Posteriormente fue diagnosticada de fibromialgia. Las pruebas médicas descartaron patologías estructurales graves, aunque detectaron una vértebra desplazada y artrosis lumbar. La trabajadora solicitó la incapacidad permanente, pero el Instituto Nacional de la Seguridad Social se la denegó, obligándola a reincorporarse tras recibir el alta médica.

La empresa ha adaptado su puesto de trabajo: ha sido eximida de cargar peso y se le han asignado funciones sentada, como marcado de sábanas, mantelería y cortes de etiquetas en la lencería. También se le ha permitido desplazarse utilizando el andador. Sin embargo, sus dificultades van mucho más allá de levantar un determinado número de kilos.

Durante su primera jornada de regreso, permanecer durante periodos prolongados de pie o sentada le habría provocado temblores en el brazo y la pierna derecha. Explica además que necesita el andador porque siente que su cuerpo se desplaza hacia un lado. «Es que no puedo hacer nada, ni en mi casa puedo limpiar, no es por el trabajo», relata la trabajadora.

El trabajo invisible detrás de una habitación limpia

El caso ha provocado indignación entre otras camareras de piso porque conocen de primera mano lo que significa realizar este trabajo durante años. Hacer una cama no consiste únicamente en colocar unas sábanas. Hay que retirar ropa, levantar y manipular colchones, agacharse, estirarse, empujar y tirar. Después llega otra habitación. Y otra. Y otra. A ello se suman los carros de limpieza y ropa, los desplazamientos y la repetición continua de movimientos durante la jornada.

Las trabajadoras cuestionan que la aptitud laboral pueda reducirse simplemente a determinar cuántos kilos puede levantar una persona. Poder levantar un determinado peso en una valoración médica no reproduce necesariamente lo que supone afrontar una jornada completa como camarera de piso. Una compañera lo resume con una pregunta dirigida a quienes deciden sobre la capacidad laboral: «¿Alguno de vosotros que estáis ahí sentados habéis hecho unas 40 camas diarias y con lo que conlleva tirar y empujar de ellas?»

Otra camarera se reincorpora con muletas

Mientras las compañeras comentaban el caso de Pepi, llegó otro mensaje especialmente significativo: «Y hoy se ha incorporado otra compañera con muletas». Andadores. Muletas. Dolores. Bajas prolongadas. Trabajadoras que quieren conservar su empleo pero cuyos cuerpos arrastran problemas que pueden resultar difíciles de compatibilizar con una profesión de elevada exigencia física.

No se trata de afirmar que toda dolencia que padezca una camarera de piso haya sido necesariamente provocada por su profesión, pero tampoco puede ignorarse la naturaleza del trabajo cuando se estudian sus limitaciones: movimientos repetitivos, posturas forzadas, manipulación de cargas, empuje de carros y un ritmo de trabajo que las propias camareras llevan años denunciando.

Una pregunta sobre la sostenibilidad del empleo

Detrás del caso particular aparece un problema mucho más amplio: qué sucede cuando una profesión físicamente exigente se mantiene durante años y la salud de la trabajadora comienza a deteriorarse. Las camareras de piso reclaman desde hace tiempo que esta realidad tenga consecuencias concretas: mejores condiciones laborales y preventivas, una adecuada valoración de las patologías relacionadas con su actividad y avances en reivindicaciones como el reconocimiento de enfermedades profesionales y la jubilación anticipada.

El caso de Pepi pone rostro a esa reclamación. Tiene 44 años. Después de casi dos años de baja, ha regresado a trabajar caminando con un andador. Y mientras sus compañeras intentaban asimilar su situación, otra camarera de piso regresaba a su puesto con muletas. Dos imágenes que obligan a mirar de frente una pregunta: ¿hasta qué punto puede considerarse sostenible un trabajo cuando algunas de quienes lo realizan tienen que regresar a él apoyándose en un andador o unas muletas?

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