De dejar los estudios a superar un cáncer: la historia de May, la primera Chiclanera Mayor Senior de Chiclana

May Leal lleva a Chiclana en la sangre. Hija de dos familias muy conocidas de la ciudad, “Los Cachitos” y “los Benítez”, su vida ha estado marcada por el baile, el turismo, los negocios, la maternidad y también por una enfermedad que cambió para siempre su manera de entender la vida. Hoy, como primera Chiclanera Mayor Senior, quiere devolverle a su tierra todo lo que siente que le ha dado.
Su historia comienza en Chiclana, vinculada a dos familias conocidas de la localidad: “Los Cachitos” y “los Benítez”, del Arquillo del Reloj. Su padre, Lorenzo Leal, era músico y profesor, mientras que de su madre, María Benítez, dice haber heredado “el don de saber cuidar”.
Durante su infancia estudió en el colegio Niño Jesús, una etapa en la que reconoce que la timidez y la inseguridad fueron una barrera. “La inseguridad y la autoestima frustraban a la niña soñadora que realmente era”, recuerda.
Posteriormente formó parte de la primera generación de niñas que pasó al colegio La Salle con la llegada de la ESO. No fue una estudiante especialmente brillante y terminó abandonando los estudios tras la separación de sus padres y otras circunstancias familiares. Pero aquella historia tendría muchos años después un capítulo inesperado.
El baile que cambió su vida
Fue su madre quien la apuntó a clases de bailes de salón con “Pillina”, en el colegio Alameda. Y allí encontró algo que hasta entonces no había tenido: un refugio.
“El baile hizo que yo sintiera felicidad cada vez que lo practicaba. Era mi zona segura, era mi refugio”, cuenta.
Con solo 16 años comenzó a trabajar como monitora de baile y, un año después, entró en la cadena Hipotels como animadora. Allí permaneció seis años, una etapa que recuerda con especial cariño y en la que, además de hacer grandes amistades, descubrió capacidades que desconocía.
Fue también entonces cuando decidió formarse como profesora de bailes de salón en Sevilla.
“Ahí se crea una chica alegre, independiente, divertida, muy loca, pero que sabe muy bien lo que no quiere”, explica.
Una lesión de rodilla y un momento emocional complicado hicieron que cambiara de rumbo y se incorporara al sector del comercio como dependienta de souvenirs.
Fue allí donde conoció a Germán Vega, a quien recuerda como una figura fundamental en su trayectoria profesional. “Me enseñó que para ser jefe hay que tener empatía, cuidar a tus trabajadores para que ellos respondan con amor a lo que hacen y traten el negocio como si fuera suyo”.
Con el tiempo terminó quedándose al frente de una de sus tiendas. Y entonces comenzó otra aventura: la maternidad.

Madre, empresaria y ocho meses de pesadilla
May acababa de ser madre de su hija Lola cuando decidió convertirse también en empresaria. “Mi otro bebé es mi tienda”, cuenta.
Pero justo un año después del nacimiento de su hija, la vida volvió a ponerla a prueba.
Le diagnosticaron un cáncer de cuello de útero.
Fueron ocho meses que define como una “pesadilla”, pero que también marcaron el nacimiento de una nueva May.
“Volvió a resurgir otra nueva May. Una mujer fuerte, valiente, que valora cada segundo de su vida, que aprecia los pequeños detalles y vive cada momento”, relata.
Desde entonces, asegura que ya no cumple años, sino que cumple sueños.
A los 38 años volvió a estudiar
La llegada del COVID también supuso otro punto de inflexión. Con su tienda cerrada, comenzó a hacer sus primeros pinitos como creadora de contenido y descubrió que sus vídeos podían hacer feliz a otras personas.
Pero también aprovechó aquel momento para recuperar algo que había quedado pendiente desde su juventud: los estudios.
A los 38 años regresó a las aulas para terminar la ESO que había dejado atrás años antes. Y esta vez sí era su momento.
No solo consiguió terminarla con buenas notas, sino que además ayudó a otros compañeros a conseguir también su título.
“Benditos aquellos profesores del Colegio de Adultos Dionisio Montero”, recuerda.
Hoy, además de sus estudios, asegura que “chapurrea” tres idiomas: inglés, alemán y algo de francés.
Su vida profesional tampoco se ha detenido. Actualmente tiene dos tiendas de souvenirs en Hipotels, es monitora de bailes latinos en la Asociación Antonio Machado y trabaja también como embajadora de una marca de alta dermocosmética y nutrición.
“Amo Chiclana y quiero representar a mi tierra”
Precisamente ese vínculo con la ciudad fue lo que la llevó a presentarse a Chiclanera Mayor Senior.
“Lo que me llevó a presentarme fue el amor que le tengo a mi tierra, a sus tradiciones y sus costumbres, a su hablar y lo que crea en mí cada vez que hablo de ella”, explica.
Habla de Chiclana desde los recuerdos más cotidianos: los olores a puchero, potaje y chicharrones que salen de las casas, la gente saliendo a la calle durante las fiestas, las vistas desde Santa Ana, La Barrosa o la tranquilidad de las salinas.
Y considera que su trabajo relacionado con el turismo ya era, de alguna manera, una forma de representar a la ciudad.
“Los productos que elijo con el corazón y donde yo los guíe serán el recuerdo que se llevará de mi tierra”, afirma.
Ahora quiere que esa representación vaya mucho más allá de una banda.
Una reivindicación: “No somos mujeres florero”
May también quiere aprovechar su posición para defender una idea muy clara sobre el papel de las Chiclaneras.
Recuerda especialmente un momento que no le gustó durante un acto relacionado con la mujer: “Nos hicieron quitar nuestras bandas porque piensan que somos ‘mujer florero’”.
Hoy asegura que quiere hablar de ello “alto y claro”.
“Soy feminista al 100%. Soy una mujer libre que lucha y luchará siempre por la igualdad”, afirma.
Para May, ser Chiclanera no debe entenderse como un concurso de belleza, sino como una forma de representar a la ciudad y sus valores.
“Se selecciona por el amor a Chiclana, sus valores y su forma de expresarse”, sostiene.
También reivindica una representación abierta a todo tipo de personas, independientemente de su sexo, orientación sexual, aspecto físico o discapacidad.
“Una banda no tiene que ser rechazo de nadie, es el amor del lugar donde vivimos”, defiende.
Sanidad, lenguaje de signos y una Chiclana que sigue creciendo
Como ciudadana, May también tiene claro qué aspectos cree que deberían mejorar.
Uno de los principales es la sanidad. Considera necesario que Chiclana cuente con un hospital y apunta a las dificultades que, a su juicio, genera el incremento de población durante los meses de verano.
“No digo que los profesionales que tenemos sean malos, solo digo que Chiclana en verano se cuadruplica y la atención sanitaria se disminuye por vacaciones”, señala.
También apuesta por una mayor presencia del lenguaje de signos en la sociedad.
Y aunque reconoce que hay cuestiones que mejorar, destaca especialmente cómo Chiclana ha ido creciendo y actualizándose con los años.
Entre las cosas que echa de menos está la antigua caseta municipal como espacio de baile y diversión, pero sobre todo quiere que no desaparezca la tradición de las Chiclaneras.
“Quiero que no se pierda la tradición de representar a Chiclana. Es algo precioso y la gente desconoce todo el trabajo que hay detrás”, explica.

Su consejo a los jóvenes: “No fuméis”
Cuando se le pregunta por uno de los errores que cree que cometen los jóvenes, no duda.
“¡Uf! No fuméis. Es el error más tonto que cometí y dejarlo es lo mejor que hice”.
Pero su principal mensaje a las nuevas generaciones tiene que ver con la tecnología.
“Habéis nacido con la tecnología y es un avance enorme. No la uséis para destruir, sino para haceros más inteligentes, más sabios, más grandes como personas y construir el sueño que queráis construir”.
“Vivimos en un paraíso llamado Chiclana”
Ahora, con la banda de Chiclanera Mayor Senior, May quiere aprovechar el próximo año para representar a una ciudad a la que siente profundamente ligada.
Su deseo es sencillo: que los chiclaneros cuiden de su ciudad, pero que también sientan que la ciudad y sus instituciones cuidan de ellos.
“Vivimos en un paraíso llamado Chiclana, que su gente es quien la hace maravillosa. Cuidémosla, pero que también cuiden a sus ciudadanos para que podamos disfrutarla como se merece”.
Y cuando termine su etapa como Chiclanera Mayor Senior, no piensa alejarse de la representación.
“Me gustaría que me recordaran con cariño y alegría. He sido la primera Chiclanera Senior y es una responsabilidad muy grande. Espero haber estado a la altura”.
Porque, para May, la banda tendrá una fecha de inicio y otra de final, pero su vínculo con Chiclana no termina ahí.
“El día que deje esta banda o esta corona seguiré luchando por la tierra que me vio crecer”.




















