Pepa de España, la chiclanera que convirtió diez amigas en una familia de 120 mujeres

La creadora de Andancing, en Chiclana, ideó una forma de caminar bailando por las salinas y acabó construyendo una red de amistad y apoyo emocional que ha cambiado la vida de muchas de sus integrantes. «Me llena de orgullo pensar que tantas mujeres sean felices gracias a una idea que se me ocurrió una tarde», confiesa.
Así nació Andancing, una iniciativa creada en Chiclana que combina caminar y bailar al aire libre. Pepa buscaba una motivación para hacer ejercicio, pero quería que la actividad fuera algo más que salir a andar. Pensó en las salinas chiclaneras, en sus paisajes y en el aire fresco, y decidió proponerles a sus amigas una nueva forma de disfrutar del deporte.
«¿Por qué no hacemos un grupo para andar por las salinas, pero a la vez vamos bailando?», se preguntó. La respuesta llegó rápidamente. Diez amigas se reunieron para probar la experiencia, con Pepa al frente y un altavoz en la mochila para poner la música. Aquella primera salida fue el comienzo de algo mucho más grande.
En menos de una semana, según recuerda su creadora, el grupo ya contaba con 80 mujeres. Hoy, Pepa asegura que el WhatsApp de Andancing reúne a 120 integrantes. Una evolución que demuestra hasta qué punto aquella propuesta logró conectar con otras mujeres.
Mucho más que andar y bailar
Con el paso del tiempo, Pepa descubrió que el verdadero valor de Andancing iba mucho más allá del ejercicio físico. Entre coreografías, paseos y encuentros, las participantes comenzaron a construir vínculos, compartir experiencias y encontrar un espacio propio en el que sentirse acompañadas.
«Andancing es familia, es felicidad, es salud», explica Pepa, que resume el espíritu de la iniciativa en tres palabras: bienestar, diversión y compañerismo.
Para ella, uno de los mayores logros del proyecto ha sido ayudar a mujeres que atravesaban momentos difíciles, que se sentían solas o que habían perdido las ganas de salir de casa. A través de la actividad y del apoyo mutuo, muchas encontraron una oportunidad para recuperar la ilusión y volver a relacionarse con otras personas.
«Andancing ha sacado de casa a muchísimas mujeres que estaban encerradas, a las que se les caían las paredes encima», relata. Algunas llegaron con muchas inseguridades y dificultades emocionales, mientras que otras encontraron en el grupo nuevas amistades con las que compartir planes, celebraciones y momentos cotidianos.
Pepa habla de sus compañeras con un cariño que atraviesa toda la conversación. Las llama «mis niñas» y reconoce que también ellas le han enseñado mucho: «He aprendido de ellas la fortaleza, la energía y las ganas de seguir luchando. Me han hecho sentirme más fuerte».
Una historia que emociona a su creadora
Entre las muchas experiencias que guarda en la memoria, Pepa recuerda especialmente la de una mujer muy tímida que deseaba incorporarse al grupo. Se la encontró por la calle y percibió en ella una gran soledad. Volvió a cruzársela poco después y decidió darle una oportunidad para que pudiera formar parte de Andancing antes de lo previsto.
Con el tiempo, aquella mujer fue ganando confianza y comenzó a mostrarse más abierta con sus compañeras. Hoy sigue vinculada al grupo y comparte con ellas encuentros y momentos especiales.
Es una de esas pequeñas historias que explican por qué Pepa siente tanta emoción cuando ve bailar juntas a las mujeres que forman parte de su proyecto.
«Cada una tiene su vida y sus problemas, pero en ese momento están disfrutando gracias a una idea que se me ocurrió a mí. Eso me llena de orgullo y satisfacción», afirma.
No es extraño que, cuando intenta definir Andancing, le cueste quedarse con pocas palabras. Para ella también significa energía, positividad, salud y ganas de levantarse cada mañana con otro ánimo. «Andancing es vida», sentencia.

Un proyecto nacido de la pasión
Detrás de Andancing hay una mujer acostumbrada a poner en marcha proyectos relacionados con el Carnaval, el teatro, los bailes y los espectáculos. Su experiencia dirigiendo grupos le ha permitido crear una dinámica en la que, asegura, el cariño y la organización van de la mano.
La iniciativa también ha participado en actividades de la ciudad, como la animación de eventos deportivos y otras propuestas solidarias. Entre sus recuerdos más especiales figura el homenaje que recibieron en el Pico de Oro, además de sus visitas a televisión y otras experiencias compartidas.
Sin embargo, la historia de Pepa también tiene una parte difícil. Su entusiasmo por la actividad la llevó a exigirse demasiado físicamente y terminó sufriendo lesiones en ambas rodillas, por las que ha pasado por varias operaciones. Esa situación la obligó a suspender las clases, aunque mantiene el contacto con las integrantes y espera poder retomar Andancing algún día, adaptando el ritmo a sus posibilidades.
Mientras tanto, el vínculo entre las mujeres permanece. Porque, como insiste su creadora, Andancing no consiste únicamente en caminar al ritmo de la música. También es encontrarse, acompañarse, reír juntas y saber que hay otras personas con las que contar.
Y quizá ahí resida el mayor éxito de Pepa de España: en haber convertido una idea que nació para hacer más ameno el ejercicio en un espacio donde muchas mujeres han encontrado algo todavía más importante. Una familia elegida, nuevas amistades y un motivo más para salir a la calle y disfrutar de la vida.





















